martes, 22 de junio de 2010

Directrices para el trabajo de aplicación sobre Dialéctica Hegeliana

Qué hacer:

Aplicar el método dialéctico de Hegel para interpretar un hecho específico (historia, biología, física, música, etc.) (Evaluación coeficiente 1)

Cómo hacerlo:

1) Definir el hecho a analizar y definirlo claramente. Si se trata, por ejemplo, de un acontecimiento histórico habrá que darle un título y fecha estimada (ubicación geográfica y época queda a su elección).

Ejemplos:

“la Revolución Francesa (1789-1799)”

“el golpe de Estado en Chile (1973)”

“la guerra civil española (1936)”

2) Redactar una introducción que explique en términos generales el hecho a analizar.

3) Detectar y aplicar las tres fases de la dialéctica hegeliana en el hecho que se ha escogido: los dos momentos contradictorios (o en conflicto) y la fase de síntesis que contiene los dos momentos anteriores. Este último momento ¿cómo se constituye en una primera fase (tesis) de un nuevo proceso dialéctico?

4) Para el tratamiento de cada una de las fases puede utilizar el método del análisis visto en clases.

5) El trabajo es individual y deberá ser entregado en hojas de oficio (cuadernillo) escritas a mano con una extensión mínima de cuatro planas. (no se aceptarán trabajos hechos en computador)

6) Redactar una conclusión.

Pauta de evaluación:

Punto base 1
Formalidad (que se cumpla con lo pedido) 1
Definición de las tres fases de la dialéctica 3
Trabajo en clase (definición del tema, tratamiento del tema, avance escrito) 2


http://www.youtube.com/watch?v=UoUP3rrZdgg&feature=related

viernes, 28 de mayo de 2010

Ganadores del Concurso de Microcuentos en cien palabras “Chile en 100 años más”

Facundo Martin (8° Básico, 2010)

1° Lugar categoría 7° Básico a 1° Medio

“Después de 100 años oscuros”

Hace cien años Chile era un país de catástrofes, pero hoy es un país hermoso, lleno de sorpresas, ya todo mejorado y felices. Ahora nuestro país tiene mejor política, nuestro Presidente se llama Zafrada, y como Secretaria tenemos a Daniela Ojeda. Zafrada es el salvador de la nación, su Secretaria es una mujer inteligente, la cual trabaja comprometidamente. Ahora tiene buenas ideas y hace cosas coherentes.

La gente cambió totalmente mientras Zafrada gobernaba, ahora trabajan con ganas y los niños sólo se educan para su mejor futuro. Hay mucha tecnología y Chile cada vez ha crecido para convertirse en una potencia mundial.

Gonzalo Chávez (1° Medio A, 2010)

2° Lugar categoría 7° Básico a 1° Medio

“La ceniza que nunca se borrará”

Humeantes estaban las tiendas alrededor de la calle, el ambiente de guerra después del ataque aéreo aún permanecía con el cielo ennegrecido de humo y la gente deambulando herida. Pedro Salinas miraba aquella escena con tristeza, recordaba el Chile anterior y lo comparaba con el actual. “¿Adónde se había ido tal felicidad?” se preguntaba constantemente.

¿Cómo podría ser que el mundo para ellos había cambiado tanto en cien años? Todos esos pensamientos pasaban por la mente de Pedro, ya ni recordaba la causa de la guerra y tampoco quería hacerlo, se levantó y siguió caminando en busca de un lugar seguro.

José Ignacio Solís (2° Medio, 2010)

1° Lugar categoría 2° Medio a 4° Medio

“Unos locos 100 años”

Cuenta la historia que en Chile, durante los 100 años que pasaron, entre el 2010 y el 2110, ocurrieron muchas cosas. La Selección Chilena ganó el mundial ocho veces, el Estadio Nacional “Julio Martínez” todavía no es entregado por fallas en acueductos, se robaron el marcador, las butacas y el campo de juego. En el ámbito político, los Nav’i se tomaron el Palacio de la Moneda a mediados del 2090, pero los Jedis les declararon la guerra colándose Esparta, Narnia, Los Piratas del Caribe, Los Señores del Anillo, Harry Potter, Real Madrid, Barcelona, Los Jaivas y Marcelo Bielsa, dando como ganador, por sus estrategias, a Marcelo Bielsa.

Pero a nivel mundial, Chile es la mayor potencia ABC1 del mundo, con la población más completa del mundo, sin guerras, con “marepotos” y terremotos y aquí estamos cumpliendo nuestro tan anhelado tricentenario…

Paula Mujica (3° Medio B, 2010)

2° Lugar categoría 2° Medio a 4° Medio


Gabriela sabía que una vez que cumpliera 10 años de edad tendría que empezar a trabajar las 24 horas del día, probablemente en los recicladores de agua de Valparaíso, o en la fábrica de autos solares de Atacama. Eran pocos los que poseían estos autos, la mayoría se trasladaba en las pasarelas mecánicas. También podría trabajar como tejedora en la fábrica de capa de ozono sintética. Como tenía 8 años no tenía muchas responsabilidades, fuera de las 18 horas diarias de estudio, y las 2 de sueño. No le preocupaba saber que al cumplir 18 le insertarían un bebé y que a los 70 la mandarían jubilada a la Ciudad de Pascua. A pesar de que nadie parecía realmente feliz, eran educados para mostrarse así, por lo que siempre sonreían, lo cual era suficiente para hacer a los niños como Gabriela vivir en paz.

viernes, 16 de abril de 2010

viernes, 24 de julio de 2009

La Revolución Rusa de 1917: una interpretación hegeliana

Autor: Marcelo Arancibia.
4° Año Medio (2009)

Se dice que fue la primera revolución proletaria de la historia. La demostración empírica para algunos, de la lucha de clases planteada por Marx. El “gran paso” que Rusia debía dar para entrar a la época moderna acorde a sus pares europeos. El derrocamiento del caduco sistema zarista y con él, el de la monarquía, es el hijo mayor de este gran proceso.

La pérdida de la batalla por Manchuria de los rusos frente al oriental Japón, en 1905, la mala gestión económica del Zar Nicolás II, los siglos de opresión del régimen zarista a las clases más desprotegidas, la inequidad social, la entrante “Gran Guerra”, que demandó a tiempo completo la labor estratega del Zar, y por ende, la comandancia política del país en manos de la Zarina Alejandra, quien deficientemente desempeñó la labor y sin duda, la más importante de todas, la conciencia de clase, que asumió el pueblo de la Rusia revolucionaria, fueron los principales factores que hicieron que un Febrero y un Octubre de 1917 fuesen inmortalizados en la Historia Universal, como la temporalidad que dio fin al antiguo régimen, para dar ahora, cabida al nuevo, que paradójicamente, culminó por ser algo muy similar.

Por un lado, encontramos al poder monárquico del Régimen Zarista, un régimen totalitario y autocrático apoyado por las fuerzas militares. Los historiadores describen dos grandes vertientes del sistema monárquico ruso: “Los Zares de Todas las Rusias” (1547-1721) y “Los Emperadores de Todas las Rusias” (1721-1917). Para estos efectos, terminan siendo prácticamente lo mismo. El poderío que a través de los tiempos se concentraba en la imagen de la familia imperial rusa era tal, que no dejaba lugar a reparo alguno. Basta citar el título completo que recaía en los monarcas rusos para dar fe de este hecho:

“El título de su majestad es como sigue: Por la Gracia de Dios, Emperador y Autócrata de todas las Rusias, de Moscú, Kiev, Vladímir, Nóvgorod, Zar de Kazán, Zar de Astracán, Zar de Polonia, Zar de Siberia, Zar del Quersoneso Táurico, Zar de Georgia, Señor de Pskov, y Gran Duque de Smolensk, Lituania, Volhynia, Podolia, y Finlandia, Príncipe de Estonia, Livonia, Curlandia y Semigalia, Samogitia, Białystok, Carelia, Tver, Yugra, Perm, Vyatka, Bulgaria, y otros territorios; Señor y Gran Duque de Nizhni Nóvgorod, Chernigov; Regente de Riazán, Polotsk, Rostov, Yaroslavl, Belozero, Udoria, Obdoria, Kondia, Vítebsk, Mstislav, y otros territorios del norte; Regente de Iveria, Kartalinia, y las tierras de Kabardina y Armenia; Regente y Señor hereditario de los circasianos y otros; Señor de Turquestán, Heredero de Noruega, Duque de Schleswig-Holstein, Stormarn, Dithmarschen, Oldemburgo, y así sucesivamente y así sucesivamente y así sucesivamente”.

La toma de decisiones no democráticas y poco resueltas caracterizaron a esta época de la historia rusa.

Concentrándonos en el ser de Nicolás II, el último Zar del Imperio Ruso, nos encontramos con un niño que desde temprana edad fue educado bajo los rígidos cánones de la corte rusa y en completo aislamiento de la convulsionada situación interna del Imperio. Aprendió las convicciones autocráticas como herencia de su padre, Alejandro III, y la doctrina del origen divino del poder del Zar. Vivió el asesinato de su abuelo, el Zar Alejandro II. Su familia y él mismo, guardaban un parentesco con la familia real británica. Recibió una cosmopolita visión del escenario internacional, ya que desde muy joven visitó países como India, Japón o Inglaterra.

De personalidad introvertida y de carácter más bien débil, el 1 de Noviembre de 1894, tras el fallecimiento de su padre, con una carente preparación para gobernar una Rusia un poco más que agitada, con inminentes conflictos y con un país-imperio que ocupaba una arista preponderante en el plano internacional, Nicolás asume como el sucesor de su padre. Él, no alcanzó a legar en su hijo la esencia que caracterizaba a los Zares, la inherente autodeterminación y el control centralista, el manejo de las relaciones internacionales y de los asuntos internos. Como el mismo Nicolás decía al momento de ascender al trono: “...no estoy preparado para ser Zar, nunca quise serlo. No sé sobre el arte de gobernar; ni siquiera sém la forma en que debo hablar a los ministros...”

Con una visión crítica y analítica ya más formada a base de acontecimientos fidedignos, podríamos retomar la infancia del último de los Románov.

Al alero de una crianza con una sesgada visión de la realidad para un futuro emperador es como crece Nicolás Románov. Esto es sinónimo de depositar en él una bomba de tiempo con fecha de detonación para 1917. Un gobernante que no conozca su gobierno es a un cantante que carece de voz. La principal herramienta que desplegaban los Zares era la de jugar el papel de “Padres de Rusia”, de todas las Rusias. Nicolás no contaba con aquella herramienta.

La prematura muerte del abuelo de Nicolás II, muerto por una bomba y el próximo descenso de su padre, harían de Rusia, un Imperio en manos de un inexperto Zar.

Esta precipitada, obligada e impuesta labor de Nicolás II no lograría repunte alguno conforme pasaba el tiempo.

Un papel muy importante y decisivo en la historia rusa de comienzos de siglo XX, lo encarnaría el siberiano Grigori Yefímovich Rasputin, el “monje loco” o simplemente Rasputin, como era sabido. Éste se gana la confianza de los Románov, ya que es el único capaz de controlar la hemofilia que asolaba al Zárevich y proyecto de Zar, hijo de Nicolás y Alejandra, Alexey. Con el tiempo, Rasputin se transformaría en el confidente más cercano de la Zarina, por lo que indirectamente también tomaría determinaciones cruciales en la política rusa, que no siempre serían las más asertivas,ya que Rasputin estaba condicionado por una recalcitrante creencia mística y religiosa ortodoxa, por lo que sus opiniones no gozaban de la frialdad que ameritaban.

En primera instancia, tenemos a un Zar a la cabeza del Imperio Ruso, que de niño se aisló de la realidad nacional, algo realmente invalidante para un gobernante. A este Zar se le crió a la antigua usanza, convenciéndole de su origen divino, su irrefutable poder y su verdad absoluta. Desde pequeño visitó distantes países, tan distantes como diversos, claro sí, observando lo mejor de cada escenario. Este Zar, vivió la sorpresiva muerte de su abuelo, el que en su gestión abogó por los derechos de los más débiles, pero que no se verían resabios de esta abogacía hasta el fin de la dinastía Románov. Sumada a la muerte de su abuelo, encontramos la temprana muerte de su padre, quien dejaría el Gran Imperio a los pies de un hombre que no lo quería y que no tenía las competencias para tenerlo, en manos de un niño mal criado para Zar, de carácter débil y de poco manejo político y mediático.

En segunda instancia, tenemos a una Zarina poco querida por el pueblo ruso debido a sus raíces alemanas, que no supo llevar a una Rusia con una población campesina que superaba el umbral del 85%, con serios problemas ecuacionales y con descontento nacional. Como si no fuese suficiente, Alejandra, la Zarina, o “la alemana”, como era peyorativamente llamada, contaba con el asesoro de Rasputin, quien privilegiaba sus místicas intenciones, cuadradas en la lógica ortodoxa y dogmática, por sobre el bien común del pueblo ruso.

Un Zar débil, una Zarina odiada, una monarquía desgastada, un pueblo descontento. Ya no eran los tiempos de Pedro o Catalina la Grande, sino, los tiempos del fin de la larga tradición. Ésta entonces, se transformará en nuestra tesis hegeliana: la última Familia Real Rusa.

Desde Alejandro II y un poco más atrás, el pueblo ruso guardaba más que reparos con la última dinastía.

Casi la totalidad del pueblo ruso la componían campesinos, los que por siglos habían sido oprimidosm por el régimen, tratados con indiferencia y exigua justicia, vistos como un algo que imposibilitaba el avance social del Imperio.

Si una familia se pone en contra de todo un país, ¿Qué se puede esperar?

La entrante Primera Guerra Mundial sólo vino a magnificar el caos ya existente. La ingente demanda de material bélico y de soldados obligó al Zar a disponer de su “pueblo campesino” para sobrellevar la guerra. El “pueblo campesino” que aguardaba en decreciente silencio.

El desprestigio de Nicolás II, el Zar, como patriarca, político y estratega era ya irreversible. Su derrota frente a Japón, su precaria conducción de Estado y el papel delegado a su esposa Alejandra –muy mal desempeñado- hacen que el deterioro de la Casa Real Rusa sea inmenso.

Algo tan básico como el alimento, escaseaba en Rusia a principios del siglo XX, puesto que las fábricas y las granjas se quedaron sin trabajadores, ya que se vieron obligados a juntar sus caminos con los de la guerra.

¿Qué esperamos entonces, de este latente pueblo, que ya no cree en los llamados “Padres de Rusia”, o en la Corona que defiende a la Iglesia Ortodoxa, o tal vez en los que alguna vez fueron los representantes de Dios en la Tierra?

Febrero y Octubre del año 1917 no se hicieron esperar. El alzamiento de liderazgos individuales fue la respuesta obvia que se dio este año. Líderes, que organizarían la Revolución más grande que pueda enmarcarse en torno a la memoria rusa, la misma que no olvidaría borrar la genealogía Románov.

Desde la temida Alemania, llegaron noticias del humanista Marx. La correspondencia hablaba de “socialismo científico”, teoría, “materialismo histórico”, capital, trabajo, y el motor del desarrollo de la sociedad: la justificada “lucha de clases”. Líderes revolucionarios como León Trotsky y Vladimir Lenin, no tardaron en apoderarse de estas ideas y comunicárselas a los “soviets”: agrupaciones populares de campesinos y trabajadores que ellos mismos habían propiciado ¿el resultado?: un pueblo ruso organizado en armonía por si mismo, por el proletariado, con líderes populares que fueron verdaderos representantes de las necesidades y requerimientos de un país entero.

Es así como se suceden revueltas e insurrecciones comunes: peticiones a la fuerza por un cambio.

Llega Febrero y con él la primera revolución: los efectivos más importantes de Petrogrado, la capital, se unieron a ella. La ya existente “Duma”, una especie de Consejo Real que desde 1912 apoyaba al Zar, comienza a competir por el poder de Rusia contra el creado Gobierno Provisional, ya acontecido claro el recordado mes de Octubre, que marca el inicio de la propagación de la idea comunista venida desde el Estado Germano. Con Octubre llegó también el arresto a la Familia Imperial –el fin de nuestra tesis- ya que como el “Monje Loco” lo predijo: si la muerte de él mismo, se hallaba en manos de miembros de la dinastía, la de los Zares se encontraría en la “traición” de su propio pueblo. Y así fue. La Familia Imperial fue muerta tras vivir situaciones de paupérrima vida; la miseria que experimentó el pueblo ruso por siglos tal vez.

El poder estaba en manos bolcheviques, partido que agrupaba a los líderes que en un comienzo nombrábamos como los “emergentes liderazgos individuales”.

Para completar este intrincado proceso de revolución, nuestra “antítesis”, falta uno de los pasos que más puede lamentar un país: ver pelear a sus hijos, a hermanos contra hermanos: una Guerra Civil, la Guerra Civil Rusa de 1918. ¡Se enfrentaron colores! Rojos: comunistas y revolucionarios contra Blancos: contrarrevolucionarios organizados por Altos Mandos del antiguo ejército ruso. Estos recibieron el apoyo económico de potencias extranjeras como Reino Unido, Estados Unidos, Canadá o Francia.

Así, el Pueblo Eslavo, tras una larga latencia acabó con el antiguo régimen para continuar con... ¿uno mejor?, no lo sabemos. Pero sí sabemos que el choque enérgico entre el “Antiguo Régimen” y la “Revolución” da paso a nuestra “síntesis”: La “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”, URSS, una confederación constitucional de Estados Socialistas, basados en la ideología comunista creida por Marx.

Las mismas fuerzas promotoras del desarme del sistema monárquico fueron las motivantes de esta hibridación de Estados, unidos por un ideal común. En ésta, se unió la Gran Rusia un total de 15 naciones adyacentes a ella.

Convergemos, por tanto, que Hegel y sus intérpretes encuentran verosimilitud en nuestra forma de mirar la Revolución Rusa.

Parece razonable que una monarquía desgastada y poco querida, planteada como el “ser”, se contraponga y choque con su antimateria, la “nada”, la Revolución Rusa, el cambio profundo que Rusia inspiraba, dando como origen al “ser determinado”, la URSS, un conjunto de países con ideales similares y que por cierto cíclicamente se convierte o hasta transmuta en el nuevo ser, que sin esperar mucho colisionará con la nueva “nada” propuesta y discutible: la entrada del sistema capitalista con un sistema socialista ahora corroído, dando origen al nuevo “ser determinado”, la caída de la URSS durante la navidad de 1991. Suena lógico y casi matemático, tal como Descartes bien sabía y hubiese querido saber.

Una vez en un inmenso país de la lejana Eurasia que casi circunda el globo, una familia feliz vivía reinando y sometiendo a sus súbditos, hasta que el nuevo padre de esta familia feliz, el rey de toda la nación, enfermó gravemente de falta de seguridad. Fue entonces cuando un hechicero malvado irrumpió en la familia feliz, ganándose la confianza de la reina y haciendo de las suyas. El pueblo vio de mala manera este hecho, y un tal Lenin, se aprovechó de esta situación, acrecentando la mala fama del brujo para así poder derrocar a la familia de felices monarcas. Y lo logró; terminó con los años de imperio para proseguir con los llamados “años soviéticos”, hasta que esta vez acabaron con él, un tal Stalin, creo. Y así corrieron los años por Yeltsin y Gorbachov, hasta que éste dio término a los “años soviéticos” de Lenin, comenzando una nueva era, donde el pueblo de esta feliz nación compra y compra sin medida, situando su felicidad en cosas mundanas.

¿Cuántas Rusias habrán?, ¿cuántos imperios y revolucionarios e imperios más? Tal vez Hegel nos pueda responder.


jueves, 25 de junio de 2009

"1984" no es ciencia ficción

Autora: Daniela Mujica Morales
3° Medio (2009)


Introducción: En el siguiente trabajo se aplicaran los conocimientos adquiridos sobre los procesos cognitivos (percepción, memoria, inteligencia y pensamiento, y lenguaje) a la lectura de la novela de George Orwell ‘1984’.

1984 se desarrolla en el estado totalitario de Oceanía, gobernado por un único partido, cuya ideología se denomina INGSOC (socialismo inglés).

Es posible percibir, no muy avanzada la lectura, que los procesos cognitivos son manipulados a favor del partido que gobernaba la región, con el fin de lograr adhesión a su ideología y sumisión en términos generales. Los procesos cognitivos son las herramientas que nos permiten entendernos nosotros mismos, el mundo que nos rodea y cómo nos relacionamos. Por ende es de fácil deducción que manipular esa relación, es más o menos decidir qué pensaran, sentirán y recordarán los demás, o sea es controlar sus vidas.

Cada proceso era manipulado de diferente manera. La percepción por ejemplo, que es el proceso a través del cual ordenamos la información recibida por los sentidos, y nos adaptamos a nuestro medio dependiendo de nuestras características personales, era manipulada a través de propaganda (siempre favorable al partido).
Hay muchos factores que influyen en la percepción; nuestros recuerdos anteriores, expectativas, lo que nos han ‘enseñado a percibir’, etc. Este último se ve más notoriamente en la novela, ya que a través de un constante lavado de cerebro, los habitantes de Oceanía no percibían lo que no debían percibir, y estaban muy dispuestos a percibir lo que era de interés al partido. ‘Los dos minutos de odio’ son un ejemplo de ello. Durante esta exposición de imágenes y sonidos se manipulaban las emociones de las personas, predisponiéndolas al odio y al desprecio. Era una manera de fabricar emociones, las cuales eran luego canalizadas a elección del partido, principalmente a Goldstein (supuesto traidor al partido) y a todo lo que fuese contrario al Gran Hermano, así se manipulaba la percepción de esto, asociándolo con todos los sonidos e imágenes desagradables que se presentaban. De la misma manera se manipulaban las emociones de la audiencia, para adorar al Gran Hermano y al partido, utilizando los mismos recursos (imágenes, sonidos.), pero asociándolo de manera positiva.

La memoria era también manipulada, ya que la historia como tal había dejado de existir, había en efecto documentos históricos, pero estaban ya tan modificados por el partido que eran meras novelas de ciencia ficción, que por lo demás se actualizaban con cada error de predicción, o contradicción del partido. De esto se encargaba Winston, el protagonista de la novela, quien modificaba los documentos para hacerlos coincidir con las predicciones e ideología del partido. De esta manera el partido siempre tuvo, tenía y tendría la razón en todo lo que decía; QUIEN CONTROLA EL PASADO CONTROLA EL FUTURO, Y QUIEN CONTROLA EL PRESENTE CONTROLA EL PASADO.
Estas correcciones se llevaban a cabo en el Miniver (Neolenguaje para ‘Ministerio de la verdad’), y todos los funcionarios del ministerio sabían de las modificaciones que se efectuaban en los documentos, a pesar de que no quedara evidencia de ello, ya que todos los documentos no actualizados eran eliminados, y la orden misma de modificación era arrojada por el ‘agujero de la memoria’ que conducía a los hornos ocultos que se encontraban escondidos en el edificio, eliminando la evidencia. Este era además un claro ejemplo del doblepensar ya que todos sabían que la historia estaba siendo constantemente modificada, pero la sostenían como a los más fehacientes documentos históricos, tal como requería el partido.
Además la policía del pensamiento se encargaba de hacer desaparecer a las personas que cometieran crímenes del pensamiento (pensamientos diferentes, en contra del Gran Hermano o del partido) y era como si nunca hubieran existido, los borraban de la memoria de las personas, y las personas estaban persuadidas de que no debían hacer notar las desapariciones, ya que, en cierto modo, sabían las causas, y las consecuencias de hacerlo notar. La memoria de la gente ya no tenía ningún valor. Sin embargo en la actualidad ocurren hechos similares, incluso sin agujeros de la memoria. Es eso o estamos cayendo en una estupidez exquisita, porque, o los estadounidenses son genocidas, o se les olvido que Bush los mandó a todos a la guerra con Irak casi por capricho, y sin embargo lo reeligieron. Sin ir más lejos ¿Cuántos funcionarios fiscales han sido cuestionados en su desempeño, expuestos a la opinión pública y una vez que pasa el escándalo vuelven todos a la comodidad de sus puestos? El pueblo no tiene memoria, o quizás no estamos ‘cayendo’ en una estupidez exquisita, quizás nunca salimos de ahí.

El lenguaje, herramienta fundamental del pensamiento, estaba siendo reducido a su más mínima expresión, a través de la neolengua, lengua oficial de Oceanía, creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc, o sea imposibilitar otras formas de pensamiento, ya que si no tienes palabras, no puedes articular ideas nuevas, las palabras son la materia prima del pensamiento, y este será tan variado como permita el vocabulario. Al limitar el vocabulario se acaban los matices y las variables, las cosas son lindas o feas, buenas o malas, en mayor o menos medida. Es, además, una característica de la neolengua el mantener las palabras en constante contradicción con sus significados originales, por ejemplo los nombres de los ministerios (el del amor realiza las torturas, el de la verdad miente, el de la abundancia los mantiene a todos sumidos en miseria, etc.), si las palabras no tienen coherencia con sus significados, pierden su valor, a quién le importa cómo se llame si ese nombre no tiene ninguna relación con lo que se habla. Finalmente las conversaciones no serían más intercambios de opinión o discusión, sino meros intercambios de sonido para acabar con el silencio.

¡LA IGNORANCIA ES LA FUERZA!
Todos habremos escuchado alguna vez que la ignorancia hace la felicidad, los tontos son más felices, o algo por el estilo, yo estoy de acuerdo, la gente que no se percata de lo que sucede a su alrededor sufre menos que la que vive conciente de todo lo que pasa, pero eso es porque dentro de ‘todo lo que pasa’ hay muchas cosas que están mal. Por lo tanto la ignorancia hace la felicidad también de los que ‘hacen las cosas mal’, los que abusan, los que infringen las normas. Ya que si los que podemos detenerlos vivimos ignorantes de lo que hacen, o estamos concientes pero preferimos obviarlo por no hacernos problema, pueden seguir haciéndolo impunemente.
Es por eso que en 1984 tanto la inteligencia como el pensamiento están seriamente trastocados, ya que a través de los mecanismos de restricción del partido los pensamientos carecen de coherencia, como se deja ver en el doblepensar, que es la capacidad de mantener dos ideas completamente opuestas simultáneamente (una idea racional, opuesta a la del partido, y una idea irracional o irreal, que concuerda con la del partido) y actuar de acuerdo a las expectativas del partido (ej. Destrucción de historia en el Miniver), o sea, el arte de la inconsecuencia. Además no se da mucho la práctica del pensamiento en sí (facilitado por la Neolengua), así se mantiene a la población ignorante de lo que ocurre, incluso ignorante de cómo el partido controla sus vidas. Otro mecanismo de control del pensamiento es el Paracrimen (facultad de interrumpir casi instintivamente todo pensamiento peligroso que pueda surgir en la mente) de manera que la gente se reprimía por sí misma de tener pensamientos diferentes, principalmente por miedo de la Policía del pensamiento.

A esto se suma que el partido se encargaba de mantener a la población constantemente agotada, de manera que aunque estuvieran aún capacitados para tener sus propios pensamientos, estuvieran demasiado cansados para hacerlo. Que es un poco como lo que pasa hoy en día si tomamos en cuenta que partiendo por los estudiantes, que están entre 8 y 9 horas en el colegio, sin contar actividades extraprogramáticas, más los infaltables trasnoches de fin de semana, y una mínima porción de tiempo en familia, así como los trabajadores, las amas de casa, etc. Al final de cada día nadie llega a su casa a cuestionarse por qué las cosas están como están, por qué a pesar de que todos sabemos que hay irregularidades en la gestión de casi todos los cargos, de mayor y menor incidencia, las cosas no cambian y nadie hace nada, estamos cansados.



‘El problema era mantener en marchas las ruedas de la industria sin aumentar la riqueza real del mundo. Los bienes habían de ser producidos, pero no distribuidos. Y en la práctica, la única manera de lograr esto era la guerra continua.
Mantener a toda costa la jerarquía del poder, imbecilizar a la masa, empobrecerla si es necesario, a través de la guerra. La guerra de ahora es una impostura. Pero aunque es una impostura, no deja de tener sentido. Sirve para consumir el sobrante de bienes y ayuda a conservar la atmósfera mental imprescindible para una sociedad jerarquizada’.

Conclusión: Todos los procesos cognitivos, o sea las formas más básicas de relacionarnos con el mundo, eran manipulados (la memoria, el lenguaje, los pensamientos, etc.). Todo era manipulado por el partido, con el fin de entrenar o, dicho de otra manera, ‘vaciar’ a sus servidores, que preferentemente no llevaran a cabo ninguno de estos procesos, transformándose entonces esta ‘manipulación’ en un intento de destrucción de los procesos cognitivos, ya que vaciando a sus servidores de ideas propias, podrían comenzar a llenarlos de las suyas, sin ser sometidas a mayor análisis, ya que no serían procesadores de ideas, sino meros recipientes de ellas. De alguna manera acabar con la individualización del hombre, deshumanizarlo para convertirlo en una herramienta.

1984 no es una novela de ciencia ficción, son las crónicas de una muerte anunciada.

Daniela Mujica Morales
3° Medio

jueves, 18 de junio de 2009

El sueño del caracol

Si bien no se trata de la obra de un/a estudiante de nuestro Colegio, dejo este cortometraje para quienes deseen verlo. Recomendable.



¿Comentarios?

martes, 16 de junio de 2009

Hans Jonas, pensador de una tierra inhabitada

Introducción

En su libro El Principio de Responsabilidad, ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Hans Jonas (mayo de 1903 - febrero de 1993) reflexiona acerca de los peligros a los que se ve enfrentada nuestra civilización y que, nos indica, han sido provocados por el propio ser humano en su desmesurado afán de conocimiento y dominación de la naturaleza que lo alberga.

La crisis en la que estamos sumergidos es profunda. Sin embargo, no está todo perdido y las posibilidades de revertir tan adverso panorama son aún latentes. Y no sólo a reflexionar sobre esas opciones es la propuesta de Jonas, también nos invita a llevarlas al terreno de la praxis: en ese momento es que su discurso se vuelve ético. Remitir a los pensadores clásico de esta rama de la filosofía podría ofrecer gran ayuda, sin embargo Hans Jonas descubre que su tarea encierra la gran dificultad de transitar a través de sendas que jamás nadie recorrió con anterioridad, siquiera para delinearlas. De ahí el juego de palabras que encabeza este ensayo. Porque, si bien desde las primeras páginas de El Principio de Responsabilidad se nos ofrece una figura apocalíptica de nuestro futuro -una tierra deshabitada- también hay un horizonte desolado –una tierra de nadie- en las teorías que podrían darnos alguna directriz en la resolución de la problemática. Jonas transita por ambos desiertos.

Con todo, logra acercarse a ese propósito. Ofrece al culpable del daño una opción para enmendarlo. Cómo llega a plantear esa alternativa, es el intento de estas páginas. Así, en una primera sección esbozamos el contexto histórico del cual surgiría la filosofía de Jonas, contexto que, además, se ha vuelto una importante fase de la historia de la filosofía del siglo XX. Una segunda sección se aproxima a las condiciones teóricas que habrían facilitado el proceso de crisis al que ha sido llevado el planeta. En una tercera parte hemos abordado las características que han marcado la ética anterior a Jonas y que, como hemos dicho, queda obsoleta ante las presencia de las nuevas contingencias. Finalmente, en una cuarta sección, mostramos un acercamiento a la alternativa planteada por Hans Jonas, particularmente refiriendo a su principio de responsabilidad.


Procedencia del pensamiento de Hans Jonas

Durante la segunda mitad del siglo XX, el pensamiento filosófico experimentó un vuelco. El foco de su atención se dirigió en cierta dirección, apuntando en especial a solo una de las disciplinas que la conforman, transformando a aquella en el terreno privilegiado de la praxis filosófica de esos años. Con este vuelco, además, se comenzaría a cerrar un cierto ciclo de disgregación del ámbito filosófico iniciado un siglo antes, durante la segunda mitad del siglo XIX. Es a lo que Franca D’Agostini[1] y Franco Volpi[2] aluden cuando hablan, cada uno por su parte, del giro ético del pensamiento contemporáneo y de la rehabilitación de la filosofía práctica, respectivamente. Se trataría de un transitar del pensamiento filosófico que va del relativismo valórico y la muerte de dios, a una siguiente fase caracterizada por un fuerte compromiso ético, y cuyo punto de partida puede situarse en 1958 cuando Hannah Arendt publica en Estados Unidos su libro La Vita Activa, y, ese mismo año, Hans-Georg Gadamer publica Verdad y Método. Ahí, Hannah Arendt apunta en dirección de la determinación aristotélica de la praxis para comprender el fenómeno de lo político. Gadamer, por su parte, y en el capítulo titulado la actualidad hermenéutica de Aristóteles[3], reactualiza la ética de aristotélica rescatando de ella el saber que orienta el actuar y la vida del hombre, la frónesis o prudencia. Estos dos textos no son más que los ejemplos más significativos de un fenómeno que es mucho más amplio.

El redescubrimiento de la filosofía práctica generó una serie de discusiones que prontamente fueron dejando de lado los modelos anteriores para dar paso una filosofía de aquel tipo, pero con posiciones y perspectivas de orden más contemporáneo. En conjunto, la discusión abarcó una diversidad de visiones filosóficas que prontamente fue designada unitariamente como neo-aristotelismo.

El fenómeno de la rehabilitación de la ética tiene diversas justificaciones, algunas de las cuales pueden explicarse en los siguientes, aunque breves, puntos:

En primer lugar, la filosofía venía mostrando un ejercicio tendiente a las generalizaciones teóricas que relegaba el interés por la singularidad y el individuo a un segundo plano.

En segundo lugar, la filosofía comenzó a erigirse como un importante interlocutor dentro de las discusiones en torno a la técnica, señalando los peligros que su desarrollo podía acarrear.

Por otra parte, la filosofía se vio interpelada a responder, aunque sea problemáticamente, a las exigencias de la eticidad en sus versiones aplicadas en las diversas prácticas sociales, por ejemplo, en las éticas profesionales, la bioética, etc.

Finalmente, se introdujo la necesidad de abordar nuevamente el papel de la reflexión ético-práctica para proponer nuevos formas de relación entre el pensar y actuar.

La filosofía de Hans Jonas, principalmente aquella referente al principio de responsabilidad, puede ser circunscrita entonces a esta retoma de la ética por parte de la filosofía del siglo XX, particularmente si ponemos atención a la segunda de estas justificaciones. Esta es la razón por la cual su obra también es denominada como hermenéutica ecológica.

La formación filosófica de Hans Jonas, bajo el alero de Heidegger y Bultmann, lo condujo inicialmente hacia otra de las ramas de la filosofía –la filosofía de la religión- mediante la cual se dedicó a buscar la condición específica del hombre gnóstico, develando que la comprensión de las antiguas teorías vendría dada por la toma de consciencia del ser-arrojados o, en otras palabras, del ser conscientes de estar viviendo en un mundo ante el cual el hombre se siente extraño.

Tras este período, y luego de percibir la afinidad estructural existente entre el pensamiento gnóstico y el existencialista, Jonas invierte su perspectiva de dar lectura existencialista del gnosticismo, para dar paso a una lectura gnóstica del existencialismo. “Jonas consigue también revisar el fundamento metafísico del nihilismo antiguo y moderno en el dualismo, es decir, en la separación entre hombre y mundo, naturaleza y espíritu. Se abre de esta manera una segunda fase de su especulación en cuyo centro se encuentra la problemática de la naturaleza”[4].

Esta segunda fase se constituye en el tránsito de la interrogación inicial sobre la naturaleza del ser, hacia la pregunta acerca del ser de la naturaleza. El problema planteado por la elección también aparece desde el inicio de aquellas interrogantes y, por ende, los problemas de la ética tienen marcada presencia en su ejercicio filosófico.


Presentación de la Problemática: la magnitud del éxito del programa baconiano

El proceso se ha iniciado en una fase en que el hombre aparece como morador de una tierra de infinita paciencia y abundancia, que por más que la hostigara permanecía siempre intacta y en permanente equilibrio, como un Todo invulnerable. Asimismo, las intervenciones de aquel hombre sobre la tierra tomaba la forma de deterioros superficiales, prontamente absorbibles por aquel sistema de inexplorado funcionamiento. El proceso supera su fase inicial cuando el hombre, en su afán de conocer y dominar ese mundo en ocasiones hostil, realiza una de las obras humanas más importantes de toda su historia: crear su propio espacio, su propio enclave, su propio mundo. Aquel mundo social (28), esto es, la ciudad, constituye el único dominio en el que el hombre se transforma en su exclusivo encargado.

Francis Bacon nunca habría imaginado las dimensiones que alcanzarían las consecuencias de instaurar algunas de sus teorías, en especial aquellas que preveían la utilidad que podía prestar al hombre –como sujeto colectivo- los avances del conocimiento técnico y científico en el dominio de la naturaleza.

Si el principio de “poner el saber al servicio del dominio de la naturaleza y hacer del dominio de la naturaleza algo útil para el mejoramiento de la suerte del hombre”[5] ha causado efectos que han llegado a ser desmesurados, ha sido por la prescindencia de cierta racionalidad y justicia que indiscutiblemente debieron haber acompañado desde su inicio la instauración de aquellas ideas. O por lo menos eso es lo que sostiene Hans Jonas cuando atribuye no al programa propiamente tal, sino a la magnitud de su éxito, el riesgo de catástrofe al que se está exponiendo el planeta y, con él, poniéndose en juego la suerte del hombre. Aquel es el presupuesto que se encuentra tras el esfuerzo teórico de Jonas en El Principio de Responsabilidad, el de la existencia de una situación apocalíptica que, como sea, refiere siempre a nosotros mismos: ya sea porque hemos tenido participación en la posibilidad de sus causas, porque nos encontramos viviendo en ella o porque somos nosotros quienes aún podemos revertirla.

El proyecto baconiano, aquel sintetizable en su célebre aforismo knowledge is power, no sólo habría alcanzado un amplio rango de aceptación y aprehensión, sino aún más, habría logrado un éxito de tal magnitud que, contradictoriamente, sus consecuencias podrían estar poniendo en riesgo la subsistencia del hombre en el planeta o, a lo menos, alterando profundamente la manera en que hasta hoy ha vivido ahí. Nos referimos a un proyecto que ha sido realizado en las sociedades capitalistas, en las sociedades occidentales industrializadas de economía libre, cuyo éxito se ha manifestado principalmente en dos ámbitos. Tipos distintos de éxito, pero estrechamente vinculados: económico y biológico, el primero, consistente en una disminución del trabajo humano versus un aumento en la producción de bienes y, el segundo, consistente en un incremento numérico de la población mundial que vive bajo el régimen de la civilización técnica. Ambos tipos de éxito, hoy confluidos, han llevado al planeta a una situación de crisis. Debido a que la población sigue en aumento, se hace necesaria la constante y progresiva extracción de recursos naturales que, de no fijarle cotos, nos conduce a una catástrofe ecológica que además compromete la continuidad de nuestra especie[6].

La problemática estaría generada por una contradicción interna entrañada en el mismo programa baconiano. Efectivamente, la paradoja del poder obtenido por el hombre a través del saber es traducible, por una parte, en el dominio y aprovechamiento de la naturaleza, pero, por otra, en un completo sometimiento a sí mismo: una cierta autonomía del poder que ha transformado sus sueños en pesadillas. Aquel poder que inicialmente apuntaba a aquella figura inalterable e inagotable de la tierra, del mar y del aire, devino en un poder de segundo grado con características de descontrol para el ser humano, y de autonomía para el propio poder. A todas luces una alienación del poder, un epifenómeno que de ningún modo libera al hombre sino, muy por el contrario, lo subyuga.

El desmesurado desarrollo del poder del hombre, aunado a la latente posibilidad del mal uso de la técnica, entrañaría de esta manera una mutación en el propio carácter de la acción humana. Competente a esta última es la ética y, por extensión, Jonas sostendrá que la aparición de estas nuevas posibilidades de acción humana ofrece también una nueva dimensión que las teorías éticas anteriores no lograrán alcanzar.


Características de la ética anterior a Hans Jonas

La relación entre el hombre y la naturaleza, por años, habría sido una de dominación y dependencia: el hombre se veía sometido a los ciclos, fuerzas y amenazas que la naturaleza le imponía, pero, a la vez, seguía habitando en ella como residente extraño, recibiendo cuanto ella pudiera ofrecerle antes de ser azotado por otro de sus hostigamientos. Esta relación, entonces, y tras los avances del saber técnico, habría manifestado una inversión: es el hombre quien ahora se ha transformado en un peligro para la naturaleza, mucho mayor al que ella constituyó para él en un inicio. Cuando más arriba referíamos a la invención humana de la ciudad, sostuvimos que ahí el hombre podía encontrar refugio a la amenaza de la naturaleza que, de todos modos, lo seguía rodeando. Esta situación también se ha invertido: hoy es la naturaleza la que se conserva en santuarios, parques y demás espacios cercados, siempre rodeados de civilización y tecnología amenazante.

El orden totalmente nuevo que se ha agregado a la naturaleza de la acción humana es nada menos que la entera biosfera del planeta. Todo el conocimiento acumulado hasta ahora acerca de la orientación del actuar humano mostraría un desajuste respecto a estas nuevas modalidades introducidas, particularmente aquellas relacionadas al poder alcanzado por el hombre, “la tierra virgen de la praxis colectiva en que la alta tecnología nos ha introducido es todavía, para la teoría ética, tierra de nadie”[7].

Ningún aspecto de toda aquella ética anterior habría tenido en consideración las condiciones globales de la vida humana ni el futuro o permanencia de la misma especie en las condiciones acostumbradas. Tanto la ética como la metafísica habidas hasta ahora tampoco estarían en condiciones de proporcionar directrices ya elaboradas para abordar las problemáticas presentadas por el avance del saber técnico.

Antes de verse modificada, la naturaleza de la acción humana era la que en concordancia determinaba las características de las teorías éticas, las cuales se volvieron modelos obsoletos toda vez que fueron apareciendo nuevas contingencias que evidenciaban una brecha que alguien debería acortar. Pero ¿cuáles eran las características más significativas de aquella acción humana?

El actuar del ser humano mostraba una neutralidad ética respecto al trato con el mundo extrahumano, todo aquel mundo dominado por la techné. La dualidad entre sujeto y objeto involucrada en la acción humana era neutra toda vez que el objeto –la naturaleza- sobre el que recaía la acción mostraba un escaso desgaste que, difícilmente, planteaba la posibilidad de un daño permanente. En otras palabras, el ámbito de la acción humana tocante a los objetos no humanos constituía un factor irrelevante en el campo de la ética. Esta característica nos abre el paso hacia segunda.

La ética tradicional poseía el rasgo distintivo de ser antropocéntrica, esto es, de ver un campo de interés sólo en la relación entre el hombre consigo mismo y en la relación entre el hombre y los demás hombres.

La concepción tradicional que se tenía del hombre era la de una entidad inmutable, invariable, de esencia insospechadamente vulnerable de ser transformada por alguna técnica.

La reflexión ética que encerraba la realización de un acto poseía también la característica de ser temporalmente próxima a la misma. Asimismo, los alcances que pudiese llegar a tener esa acción eran reflexionados en virtud de una inmediatez, mas no de una lejanía. El fin de la acción era de corto alcance y, por lo tanto, tenía un carácter temporal y espacial de proximidad. A la ética le incumbía el aquí y ahora, dejando el alcance de las acciones humanas de largo plazo a merced de la suerte o de la casualidad.

La característica anteriormente señalada tiene validez para todos los mandamientos, principios e imperativos que la ética anterior ha construido. En todos ellos el otro -ya sea aquel afectado por mi acción, como aquel al que estoy subordinado- tiene una participación directa en el trato conmigo y en el presente que ambos compartimos.

La ética tradicional, entonces, tenía el rasgo general de poner su atención en el acto mismo y en la cercanía del otro involucrado. El problema se genera con la inclusión de la tecnología, donde la ética se verá trastocada por acciones de alcances y magnitud jamás abordados con anterioridad: efectos remotos, irreversibilidad, etc. En vista de la inexistencia de una ética que tenga presente estas consideraciones, Jonas pone en el centro de la discusión el concepto de responsabilidad, de responder por lo que se ha hecho, a través del cual elaborará su propuesta de una ética para civilización tecnológica.


Un acercamiento a la propuesta de Hans Jonas

El Principio de Responsabilidad constituye el último desarrollo del pensamiento de Jonas. Como hemos intentado mostrar, se trata de una ética vinculada a la vida humana desarrollada en la civilización tecnológica y que tiene estrecha relación con el compromiso hacia las futuras generaciones y con las problemáticas planteadas por el uso y abuso del medio ambiente. Por tanto, la exigencia que se presenta es la de elaborar una reflexión ética con miras al hombre tecnológico, una ética de la previsión y de la responsabilidad con características tan novedosas como las contingencias con las que tendrá que entrar en relación.

La ética propuesta, arranca de la constatación del hombre como único animal que posee responsabilidad. Ésta proviene directamente de la libertad que el hombre goza y mediante la cual puede escoger consciente y deliberadamente entre las diversas alternativas de su actuar[8]. La responsabilidad, de este modo, es comprendida, en palabras de Jonas, como la carga de la libertad. Si bien el tema de la responsabilidad ya ha sido parte de la obra y pensamiento de autores anteriores y contemporáneos a Jonas -Apel[9] por ejemplo-, es en la sociedad tecnológica donde el estudio de ésta se vuelve apremiante con el anhelo de dar instrucciones al necesario control que debe ponerse sobre el poder desmesurado que el hombre ha adquirido.

El primer escollo que esta ética deberá superar es el carácter orientado al presente, la concepción temporal del aquí y ahora, acostumbrada por la reflexión ética anterior. Si bien Jonas piensa en tres ejemplos[10] que manifestarían ciertas éticas anteriores orientadas al futuro ya existentes, prontamente demostrará que se tratan de teorías instrumentalistas de la acción o, lisa y llanamente, carentes de conexiones causales imprescindibles en el pensamiento ético. Lo requerido es una ética orientada al futuro (no restringida a espacios parciales y tiempos limitados), de orden planetario y que pueda extender su mirada al entorno y mundo futuros. Una ética cuyo primer deber es anticipar la representación de un mal que, si bien no ha sido experimentado, debe ser introducido adrede.

Después de llegar a pensar de esta manera, después de llegar a representar un destino trágico dando una prevalencia a malos pronósticos sobre los buenos, debemos facilitar las condiciones para que esa representación deje su influjo en nosotros, debemos dejar que nos asalte un temor de carácter espiritual que nos haga sensibilizar ante la felicidad o desgracia de las generaciones futuras. El segundo deber de la ética exigida por el nuevo tipo de acción, entonces, es esta actitud de dejarse afectar, o lo que Jonas denominará como la heurística del temor.

Respecto al anterior punto es que puede ser introducido el elemento deontológico de la ética de Jonas, la enunciación del imperativo adecuado para el nuevo tipo de acciones humanas: obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatible con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra[11]. Un imperativo de este tipo, para Jonas, posee la característica inherente de la inviolabilidad. Pues sí, porque si una refutación contra él, por ejemplo, aquella que toma la forma de demostración racional por un deseo de vida rápida y trágica, es insostenible en el momento que anhela exactamente lo mismo para el resto de la humanidad. “El principio de la responsabilidad afirma que podemos libremente decidir la rápida consumación o el fin de nuestra vida, pero no el fin de la humanidad: ¿cómo justificamos racionalmente la necesidad de ese principio?”[12].

Por otra parte, el imperativo posee otro par de características que lo vuelven único frente a los anteriores. Así, por ejemplo, éste no apela a la concordancia entre el agente y su acto, sino más bien a la concordancia existente entre los efectos últimos del acto y la continuidad de la actividad del hombre en el futuro. Respecto a la universalización del imperativo, Jonas sostiene que ésta en ningún caso es hipotética ni dejada al azar. La vieja transferencia del individuo a la totalidad imaginaria o, como Jonas didácticamente lo dirá, el viejo si todos obraran así, en el orden del nuevo imperativo queda superada. Las acciones realizadas bajo el imperativo por él propuesto “tienen su referencia universal en la medida real de su eficacia; se ‘totalizan’ a sí mismas en el progreso de su impulso y no pueden sino desembocar en la configuración del estado universal de las cosas”[13].

Desde los primeros planteamientos de la ética propuesta por Jonas, existen vínculos -incluso aportados por él mismo- que la atan a la filosofía de Kant. En particular, la relación se encuentra dada por los imperativos categóricos propuestos por ambos, en cuanto a sus similitudes o diferencias. Sin embargo, y como lo plantea Franca D’Agostini, la ética de Jonas presenta una vinculación con otro importante pensador, esta vez contemporáneo suyo y, particularmente, de quién recibió sus primeras lecciones filosóficas. La filosofía de Jonas -particularmente su ética-, así, podría ser presentada como una clara derivación de ciertos rasgos característicos de la ontología de Heidegger. Es reconocible una historicidad o epocalidad, característica que resalta en los presupuestos de la obra de Jonas toda vez que en su ética las prioridades son decididas en las eventualidades que afectan al hombre de la civilización tecnológica. La proyección de la presencia actual a la dimensión del futuro puede ser interpretada como una extensión del punto de vista ontológico, rasgo que se repite con la proyección de la individualidad antropológica a la totalidad de la naturaleza. Finalmente, el ser aparece como condición o posibilidad preliminar, un tipo de ser donde debe ser dirigida la cura de los humanos.

▬ Bibliografía ▬

  • Jonas, Hans, El Principio de Responsabilidad, ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Ed. Herder, Barcelona, 1995.
  • D’Agostini, Franca, Analíticos y Continentales, guía de la filosofía de los últimos treinta años, Ed. Cátedra, Madrid, 2000.
  • Aristóteles, Ética Nicomáquea, Ed. Gredos, Barcelona, 2008.
  • Heidegger, La pregunta por la técnica, en Ciencia y Técnica, Ed. Universitaria, Santiago, 1984.
  • Hannah Arendt, La Condición Humana, Ed. Paidós, Barcelona, 1993.
  • Gadamer, Hans-Georg, La actualidad hermenéutica de Aristóteles, en Verdad y Método: fundamentos de una hermenéutica filosófica, vol. I, Ed. Sígueme, Salamanca, 2000, págs. 383-395.
  • Volpi, Franco, Rehabilitación de la filosofía práctica y neo-aristotelismo, en Anuario Filosófico (ISSN 0066-5215), Vol. 32, Nº 63, 1999, págs. 315-344.
  • Schiavetti, Mauricio, Hans Jonas: la relación ser y deber, en Philosophica, ISSN 0716-1913, Nº. 27, 2004, págs. 267-288.

Desde Internet

  • Anders, Günther, Lo anticuado del hombre, Sobre el alma en la era de la segunda Revolución Industrial [en línea], en Revista Artefacto, , [consulta: noviembre de 2008].
  • Anders, Günther, Tesis para la era atómica [en línea], en Revista Artefacto, , [consulta: noviembre de 2008].
Rosales, Amán, Naturaleza orgánica y responsabilidad ética: Hans Jonas y sus críticos [en línea], <http://www.scielo.br/pdf/trans/v27n2/v27n2a06.pdf>, [consulta: noviembre de 2008]


[1] D’Agostini, Franca, Analíticos y Continentales, guía de la filosofía de los últimos treinta años, Ed. Cátedra, Madrid, 2000, p. 218.

[2] Volpi, Franco, Rehabilitación de la filosofía práctica y neo-aristotelismo, en Anuario Filosófico (ISSN 0066-5215), Vol. 32, Nº 63, 1999, p. 315.

[3] Gadamer, Hans-Georg, Verdad y Método: fundamentos de una hermenéutica filosófica, Vol. I, Ed. Sígueme, Salamanca, 2000, p. 383.

[4] D’Agostini, Franca, opus cit., p.380.

[5] Jonas, Hans, El Principio de Responsabilidad, ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Ed. Herder, Barcelona, 1995, p. 233.

[6] A este respecto, queda la sospecha de que un virtual esfuerzo eugenésico que intentara controlar el aumento poblacional, y así equilibrar los niveles de la crisis, vendría dado por los mismos organismos representantes del primer tipo de éxito. La crisis, de este modo, en ningún caso experimentaría una disminución nivelada de su avanzado paso, sino, muy por el contrario, inclinaría drásticamente la balanza aumentando el éxito económico, esta vez, a costa del esfuerzo menos número de personas. El trágico desenlace, tal vez, tardaría mucho menos en manifestarse.

[7] Jonas, Hans, opus cit., p. 15.

[8] En relación a las características del actuar libre en la filosofía de la mente, cfr. Tugendhat, Ernst, Liberalismo, libertad y el asunto de los derechos humanos económicos, en Ser, Verdad, Acción, Ed. Gedisa, Barcelona, 1998, p. 242.

[9] En 1990, Vittorio Hösle (nacido en 1960), retoma las tesis referentes a la responsabilidad de Jonas y Apel y elabora un reconocido ensayo titulado Filosofía de la crisis ecológica.

[10] Las conductas de la vida terrenal orientadas a la salvación del alma en el más allá, el cuidado de los gobernantes por el bien común futuro, la política utópica marxista que busca determinada meta.

[11] Jonas, Hans, opus cit., p. 40.

[12] D’Agostini, Franca, opus cit., p. 382.

[13] Jonas, Hans, opus cit., p. 41.